Durante 40.000 años los aborígenes han deambulado por el continente australiano rastreando y cazando para garantizar la supervivencia de su tribu. Adaptándose al entorno consiguieron descubrir la forma de sobrevivir en sus abrasadores desiertos y áridas planicies, donde las temperaturas pueden superar fácilmente los 45ºC y donde las condiciones de vida son de las más duras del planeta.
Dependen por completo de la caza, por lo que los aborígenes han desarrollado una capacidad de rastreo y observación excepcionales, pueden leer la superfície de la tierra, pueden detectar las huellas de un animal y seguirlas a lo largo de grandes distancias.
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Nombre: Los últimos rastreadores de Australia




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